DE OLIVER DE COQUE A OLIVER NAYOKA: EL HIGHT LIFE VUELVE A PRENDER EN EL MUNDO IGBÓ

 DE OLIVER DE COQUE A OLIVER NAYOKA: EL HIGHT LIFE VUELVE A PRENDER EN EL MUNDO IGBÓ

Por: Nicolás Ramón Contreras Hernández

Hoy es 17 de noviembre de 2021. El sol cae con la misma potencia que en el Estado de Anambra (Nigeria) y Tolú, es un caleidoscopio de colores verdes, azules, amarillos intensos y tonos blanquecinos azulosos que se recuestan contra el mar que puedo ver desde la ventana de la casa donde crecí en el parque de mi pueblo natal, desde donde saludo a Rocha Monte en Arjona, escuchando la guitarra de Oliver Nayoka en una canción que me hace recordar las noches más fimmes del Timbalero o El Dragón o el Freddy con esos rifts que evocan a otro gran hombre de la guitarra Igbó: Oliver de Coque, el gigante del Cokoye.
Aja Wele – que significa «Viento en popa»- en lengua Igbó, es el primer disco de ese corte, es un sabroso ritmo 6×8 con la misma potencia de los merengues del fandango, que hicieron al maestro Manuel Zapata Olivella apostar por las raíces ashantis e igbó en la música de bandas, las mismas que reconoce el gran investigador de la Universidad Autónoma de Méjico, García de León Griego, en la tesis doctoral mejor escrita, tanto que se saborea como un sancocho de cojinúa golfera con leche de coco.
Ahora suena Obi Cubana, otro ritmo de 6×8 con sabor a la Oriental Brother Band de Nigeria, del pueblo yorubano, ese que sonó en Tolú Esteban Julio Salgado y Chávez, cuando eran los picoteros de las máquinas de sonido de Marcos Vergara que en paz descanse: El Kung Fu y el Tiburón Rojo, tal era su pasión beisbolera por los Rojos de Tolú en la era dorada del rey de los deportes en el Caribe Colombiano, cuando nadie le pararía un carajo de atención a 22 tipos con plata corriendo detrás de un balón que no meten goles y se van de empate, ahí no había empate ni Zapatas pelando goles, eran Charanes, y Katos y Aretes García botándolas de jonrones.
En ese entonces el Chiqui Julio Salgado y Chávez se la ponían en el centro con el «Echale Agua a la moto», como una respuesta al picó El Deportivo de esa leyenda del béisbol, el tremendo tercera base de talla mundial, Carlos Cardales, el hermano del también trabuco Cesar Augusto Cardales, en respuesta a un disco de Ayes Frederik y Dorothy Cocoché que estrenó en exclusiva el picó radicado en Sincelejo, donde por ese entonces el picó sonando a Nigeria, Camerún, Congo, Angola o Costa de Marfil, era «vaina de negros»…Así lo siguen diciendo con sabor a racismo.

Es que escuchar a Oliver Nayoka, es regresar a los parajes más clásicos de la champeta – cuando así llamábamos a la música africana y del Caribe no hispanohablante – que en los años 70 respiraba picó, béisbol y boxeo. Ahora suena Uwa Bie Kirike que traduce «El mundo viene a apoyar a Nayoka». Y en ese momento, recuerdo mis primeras escuchas y bailes tímidos amenizados con picó en la Caseta La Deportiva, o la vez que vino El Perro a tocar al Arroyito un 11 de noviembre y me dieron una pela, porque no era mayor de edad y mi mamá no veía con buenos ojos que sus hijos se metieran en fiesta de adultos.
Esta vez los rifts de Nayoka saben a merengue angoleño, un poquito a champeticas como Carolina o A pilá el arró de Son San. Debo decir que no conocía a Oliver Nayoka, que la primera vez que lo vi por el face, se lo vi al hermano de Fabian Altahona, quien fue quien me lo presentó en la sociedad de la 2.0, hasta ahora que me entero por mi amistad con el afrobogotano Lucas Silva, que había logrado firmar a Oliver Nayoka y que se estudia la posibilidad de traerlo a Colombia con la Oriental Brother.
Nayoka como buen nigeriano del Caribe africano, sabe quién es Cartagena, quien es Casiva Valdes y le manda un saludo que atraviesa el mar. No sé porque olvida a Barranquilla o a Tolú (Sucre), allí donde la playa siempre ha estado, allí donde el mundo Europeo lanzó la colonización del interior del país en 1624, luego de la derrota del Cacique Koyará a las tropas de Carlos V un siglo y piquito antes. Ahora les dejo a Oliver Nayoka fajado, con el mismo swing de las mejores noches de El Conde en Nueva Colombia, cuando Sidney Reyes y el Pintao, me enseñaban los secretos del mundo palenquero de Barranquilla.
 
Este sonido sabe a Oriental Brother Band, en ese sabroso disco «La Piyama» – Anne Ekwe Nkiyama – que disputaron bravamente El Timbalero y el Gran Freddy, esos dos colosos que vieron aparecer en el Barrio Santo Domingo de Guzmán, a El Gran Dragón del barrio El Boque, ese que se las canta duro y parejo y sin agüero. Este es la música fimme que tiene este disco, para escuchar con una buena caja de frías vestidas de Novias, en sitios como El Taboga, El Coreano o La Casita de Paja en Rebolo, allí donde África te dice que ese nombre no lo trajeron los colonizadores escoceses, ingleses, españoles, sino los congoleños con su sueño de libertad.
Te la tiro plena: ¿si quieres escuchar a Nayoka? Bueno, métete en este enlace y prepara la cava de frías: https://palenquerecords.bandcamp.com/…/oliver-nayoka… – es más: ni por el carajo te los voy a comentar todos, tienes que soñarlos y vivirlos por el oído. He dicho papa y no repito, no me vengas con esas vainas de parces ni diminutivos que te habla un toludeño de hacha y machete y champeta.

Redacción El Bocon

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