ESCÁNDALO por subsidios entregados al hijo de Maria Fernanda Cabal
Tomado de la Revista Cambio (AGRO INGRESO CABAL)
Mientras públicamente critican la existencia de subsidios, los miembros de la poderosa familia Lafaurie-Cabal se apropian de subsidios destinados a pequeños productores agrícolas. El tema no es solo de hipocresía política; también muestra el funcionamiento de un esquema que drena el sistema de ayudas, haciendo que algunas subvenciones terminen en manos de quienes no las necesitan.
La senadora María Fernanda Cabal, precandidata presidencial, permanentemente hace pronunciamientos como este: “No creo en los subsidios ni en los regalos del Estado. Creo en la dignidad que nace del trabajo”
Juan José Lafaurie Cabal, el hijo de la senadora y de José Félix Lafaurie, el presidente del gremio ganadero Fedegán, es un abogado penalista a quien le gusta publicar fotos suyas luciendo costosos relojes, al lado de almacenes exclusivos y en viajes por el mundo. También le gusta insultar en X a los que no están de acuerdo con su visión. Él le hace eco al discurso de su mamá contra los subsidios.
Aún más, el doctor Lafaurie Cabal expresa su rechazo a quienes, según él, se quedan con los subsidios para los más necesitados. Esto trinó para repudiar a una contradictora: “Margarita Rosa de Francisco, en un acto “revolucionario”, se auto percibió estrato 3 siendo 6… y se quedó con un subsidio destinado a quien sí lo necesitaba”.
Lo que no cuentan los integrantes de esta distinguida familia es que sus arcas han aumentado por cuenta de créditos a tasa preferencial e incentivos de capitalización rural, ICR, es decir subsidios, tramitados a través de Serfinanza, el banco de los Char, con cargo al Fondo de Financiamiento del Sector Agropecuario, Finagro.
El viernes 22 de abril de 2024, Juan José Lafaurie Cabal acudió a una oficina de Serfinanza en el Cesar, departamento en el que su familia paterna ha sido propietaria de grandes extensiones de tierra, entre otras las haciendas Montecarmelo, El Porvenir y Guadalajara. Allí se presentó como un pequeño productor.
Para demostrar su condición de pequeño productor, el doctor Lafaurie Cabal envió documentos firmados por una contadora que aseguran que tiene activos por $129.139.311 y que sus ingresos anuales son de $95.996.800. Cifras que parecen el resultado de una operación de ingeniería financiera porque están apenas por debajo de los topes que establece la ley para un pequeño productor.

De acuerdo con documentos de la Contraloría, el mismo viernes que presentó la solicitud a Serfinanza, le desembolsaron un crédito de redescuento por 400 millones de pesos. Es decir, con fondos que Finagro, el fondo de desarrollo del campo colombiano, les entrega a los bancos para financiar a campesinos. El doctor Lafaurie Cabal también pidió que el Fondo Agropecuario de Garantías (FAG) fuera el que garantizara el 80 por ciento de su deuda. Es decir su fiador es el propio Estado.
El dinero estaría destinado a la siembra de palma de aceite en el lote 3 de la Hacienda Guadalajara que, de acuerdo con la matrícula inmobiliaria, pertenece a Inversiones Lafaurie Cabal S.A.S. que le compró esa propiedad a José Félix Lafaurie.

Los registros mercantiles muestran que los socios de esa empresa son: La senadora María Fernanda Cabal Molina, esposa de José Félix Lafaurie y candidata presidencial; y sus hijos Denisse, Luisa Fernanda y Santiago. Es decir los dueños de la tierra son la mamá y los hermanos del beneficiario del préstamo.

No contento con el crédito de redescuento y la garantía FAG, el pequeño productor Juan José Lafaurie Cabal pidió un Incentivo de Capitalización Rural (ICR), es decir, un subsidio, plata regalada, de Finagro por el valor máximo posible.
El miércoles 27 de noviembre de 2024, el Fondo de Financiamiento del Sector Agropecuario de Finagro le efectuó un abono al crédito por $95.273.700, el tope máximo posible para un beneficiario. Esto quiere decir que, aunque recibió 400 millones de préstamo, solo tendrá que devolver algo más de 304 millones, porque el resto de la deuda lo pagarán los contribuyentes.
Hasta ahí sería suficiente, pero la historia sigue.
Para empezar, José Félix Lafaurie, el presidente de Fedegán y padre del pequeño productor, estaba en la junta directiva de Finagro en la época en que el doctor Juan José Lafaurie Cabal tramitó y recibió el crédito. Es cierto que la junta no es la que aprueba las operaciones, pero sí es el máximo rector de la entidad. José Félix Lafaurie fue miembro de esa junta desde el 22 de noviembre de 2007 hasta el 17 de junio de 2024.
Cuando le pregunté a José Félix Lafaurie si había informado a la junta de Finagro que su hijo tramitaba beneficios en esa entidad dijo que no tenía por qué hacerlo ya que, a su juicio, no hay conflicto de interés.
Me aseguró que ni él, ni sus familiares o sus empresas se han favorecido con otros créditos, incentivos o instrumentos financieros del sector agropecuario. Sobre el crédito y el subsidio, la plata regalada, que recibió su hijo, me dijo “Él tiene el derecho como cualquier otro ciudadano colombiano si la norma le permite a él tener un Incentivo a la Capitalización Rural. El gobierno vive tratando de hacerlo con las mujeres, con los negros, con los indígenas, con los jóvenes”.
Es decir los subsidios, en los que decía no creer la candidata Cabal, son buenos cuando su hijo es el beneficiario.
Llamé y le envié textos a Juan José Lafaurie Cabal. Me respondió que estaba en vuelo y que podíamos hablar cuando se subiera al carro. Eso no sucedió. Cuando le marqué nuevamente, casi dos horas después, me contestó: “No, yo prefiero mantenerme al margen de la política”. Le insistí en que no se trataba de un tema político sino de responder por un crédito y un subsidio que él había recibido. A lo cual replicó “Es que yo no le doy entrevistas a nadie ¿sabes? Bendición”.
Esta historia continuará mañana en El Reporte Coronell. José Félix Lafaurie responderá por su hijo, el abogado penalista, tan beligerente en las redes sociales pero tan tímido a la hora de explicar sus acciones y su condición de pequeño productor.
El presidente del gremio ganadero promete que me hará un gran debate por atreverme a preguntar.
