La teoría del decrecimiento y sus principios básicos
En recientes declaraciones , la Ministra Minas y energía, Irene Vélez, durante uno de los paneles en el marco del del Congreso Nacional de Minería, aseguró que «necesitamos exigirles a otros países que comiencen a decrecer en sus modelos económicos. De esto también depende que logremos un equilibrio y que los impactos del cambio climático nos afecten menos«.se refirió a la teoría del decrecimiento, lo cual; resultó siendo motivo de burlas y memes en todo el país. Pero que hay detrás de esta teoría económico-ambiental?
Las consecuencias de la industrialización sobre el medio ambiente y la cada vez más evidente desigualdad en la distribución de la riqueza, llevaron en los años 70 a diferentes economistas y teóricos, con independencia del signo político de su sociedad de procedencia, a admitir que, al aumentar la producción de bienes y servicios, es forzoso que se incremente también el consumo de recursos naturales.
La teoría de decrecimiento nació en los años 70 de la mano del matemático y economista Georgescu-Roegen, reconocido como el padre de la bioeconomía; pero hoy es el francés Serge Latouche, economista y detractor del actual modelo económico capitalista, quien se proclama líder de este movimiento.
La Ministra de Minas y Energía Irene Vélez.
Qué es la teoría del decrecimiento
En respuesta al crecimiento sin control apareció la teoría del decrecimiento económico que defiende que la sostenibilidad económica es compatible con la preservación de los recursos naturales si se disminuye el consumo de bienes y energía.
El concepto de decrecimiento, por lo tanto, es una corriente de pensamiento que preconiza la disminución regular y controlada de la producción, con la finalidad de establecer una nueva relación de equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza.
Por lo tanto, si el consumo es más rápido que la regeneración de los recursos utilizados se podría desembocar en pocos años en el agotamiento del Planeta. Aquí entra la teoría del decrecimiento para parar esta tendencia.
El precio de este déficit ecológico es cada vez más evidente: tiene forma de sequías prolongadas, de deforestación, de erosión del suelo, de pérdida de biodiversidad, de agotamiento de las pesquerías, de contaminación de los océanos y, especialmente, de cambio climático…
En realidad, hasta la fecha de hoy, según WWF, vivimos como si tuviésemos 1,7 planetas Tierra a nuestra disposición. Puesto de otra manera, en la actualidad estamos utilizando recursos a un ritmo que requiere disponer de 1.7 planetas si queremos mantener en harmonía la relación producción-consumo:
